La Cueva del Niño, como se la conoce en la localidad, presenta en su exterior exiguos restos
de pinturas que se pueden datar dentro del estilo levantino. Su pobre estado de conservación no permite que nos
hagamos una idea clara del significado de las mismas.
Sin embargo, lo realmente interesante nos espera en su bello interior. Es una cueva que no es
ni demasiado profunda ni demasiado extensa, aunque posee cierto interés geológico debido a la presencia
de numerosas estalactitas, estalagmitas y columnas. En su interior se encuentran dos paneles en los que aparecen
representados las figuras de cérvidos, cápridos y algunos símbolos abstractos.
En la parte más profunda se encuentra uno de los paneles de pinturas que tiene la cueva y que
data del Paleolítico Superior. Se puede distinguir la silueta de un animal y un largo trazo serpentiforme
prácticamente cubierto por la concrección calcárea.
Más hacia la salida de la cueva se encuentra un hermosísimo panel que conserva el dibujo
de al menos siete animales realizado con trazos de color ocre. Algunos de ellos son de gran tamaño, sobre todo
un cérvido de enorme cornamenta que domina todo el panel. Uno de ellos también se encuentra casi oculto por
la secrección calcárea de la roca.
El panel es impresionante por el excelente estado de conservación de las figuras. Se han realizado
algunas excavaciones dentro de la cueva con el objeto de hallar arte mobiliar encontrándose una vasija con
decoración geométrica datada en el Neolítico.